Cómo convertirte en tu propio entrenador personal

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Hacer deporte no solo sirve para mejorar nuestra salud, sentirnos mejor con nuestro físico o deshacernos del estrés. Cuando entrenas, sin darte cuenta adquieres habilidades y valores positivos: estableces un hábito, llevas mayor cantidad de oxígeno a tu sangre y órganos, piensas mejor, y, sobre todo, compruebas de cerca la recompensa inmaterial que reside en el trabajo duro bien hecho.

La disciplina y el esfuerzo por ser mejores, si lo aplicamos correctamente, puede resultarnos de gran utilidad en nuestra vida diaria: familia, trabajo, relaciones interpersonales y, sobre todo, para conocernos a nosotros mismos. Por eso, prepararte para una prueba deportiva, como una carrera, te ayudará en todos los aspectos de tu vida.

 

Aprende de ti mismo

Sin duda alguna, tú eres quien mejor te conoce: sabes de qué eres capaz y de lo que no, hasta dónde puedes llegar en un entrenamiento o en un trabajo concreto y en qué momento tienes que decir "basta". Un entrenador personal puede darte las pautas correctas para establecer una rutina, enseñarte una buena técnica en los movimientos o mostrarte nuevos métodos de entrenamiento. Pero, cuando pensamos en la intensidad de las sesiones y en lo que te exiges, tú eres tu mejor entrenador.

Conócete a ti mismo, escucha a tu cuerpo y aprende de lo que te dice: él te habla y te indica cuándo un entrenamiento ha sido demasiado exigente o cuándo puedes dar más de lo que tu crees. Si sabes escuchar a tu organismo y aprender de ti mismo, tienes la mitad del trabajo hecho.

A continuación, te damos unas pautas para que puedeas ser tu propio entrenador, tanto en la vida como en el deporte.

 

Adopta un estilo de vida saludable

Cuidar lo que comes, dejar de fumar, no tomar alcohol, dormir las horas necesarias, beber líquidos abundantes… Todo suma. Cada paso que des hacia una vida más sana apuntalará tu camino hacia la meta. Por ejemplo, la dieta es muy importante los días antes de la carrera, pero si consigues establecer una nutrición adecuada durante todo el año tu rendimiento mejorará visiblemente y no te costará ningún esfuerzo prepararte antes de la competición. 

 

Establece tus metas

Antes de ponerte manos a la obra con la preparación de una carrera, lo primero es establecer dónde está tu meta. ¿Quieres correr 10 kilómetros? ¿Quizás una media maratón? ¿Qué tal llegar a los 42 kilómetros de la maratón completa? Antes de decidir la distancia que correrás tienes que conocerte a ti mismo y saber cuáles son tus posibilidades. Establecer un objetivo realista es una parte importante de tu camino hacia el éxito.

En la vida, como en una carrera, también es importante que establezcas objetivos que concuerden con tus puntos fuertes. Sabemos que debemos soñar en grande, pero un objetivo poco realista puede abocarnos al fracaso.

 

Divide y vencerás

En el running, la frase "divide y vencerás" cobra más sentido que nunca. Puede que tu reto sea correr una maratón, pero será mucho más fácil conseguirlo si divides este gran objetivo en otros más pequeños y asequibles en poco tiempo. Recompénsate cada vez que alcances una de estas mini-metas, te será más fácil mantener la motivación y mantenerte firme en tu propósito.

Lo mismo ocurre en tu vida diaria: tanto para conseguir tus objetivos laborales como para adoptar hábitos de vida más saludables. Puede que uno de tus objetivos sea ser más sociable con la gente de tu oficina: comienza sólo con un "buenos días" o interesándote por una de las personas más cercanas, y ve aumentando tu zona de acción con el paso del tiempo.

 

Progresa poco a poco

Cuando comenzamos a correr, nadie corre 10 kilómetros seguidos el primer día. Y si los corres, seguro que al día siguiente te arrepientes por las más que posibles agujetas o lesiones. En el running es fundamental avanzar de forma progresiva e ir aprendiendo poco a poco: quizás tienes que empezar simplemente caminando e ir aumentando los minutos de actividad física cada día. Marcarte una buena progresión, estableciendo de forma inteligente los descansos, es clave para llegar a la meta el día de la carrera.

En tu vida diaria pasa exactamente lo mismo: si estás aprendiendo alemán, nadie pretende que lo hables perfectamente el segundo día de clase. Tómate tu tiempo para hacer las cosas y ve progresando poco a poco: así te aseguras aprender por el camino. Recuerda que la vida es una carrera de fondo, no un sprint.

 

Supérate día tras día y sal de tu zona de confort

Tanto en la vida como en el deporte, tienes que salir de tu zona de confort para conseguir aquello que quieres. Si estás pensando en enfrentarte a una distancia que nunca antes has hecho, tendrás que entrenar como no lo has hecho hasta ahora. Más kilómetros, más rápido, más entrenamiento complementario en el gimnasio, más descanso, mejor nutrición… Todo cuenta a la hora de alcanzar tu objetivo.

​También en tu día a día necesitas salir de esa zona cómoda para conseguir tus metas: sé más productivo, diferénciate de los demás, aprende cosas nuevas… En resumen: sal de tu zona de confort para afrontar nuevos retos y demuéstrate a ti mismo de lo que eres capaz.

 

¡A partir de ahora, vuelas solo!