¿Dudas de ti mismo y la Nationale-Nederlanden San Silvestre Vallecana está al caer? No te pierdas este artículo

Tags:

Hasta ahora y por mi experiencia, puedo decir que hay dos tipos de corredores: aquellos que aman los días previos a una carrera, exultantes de anticipación y alegría… y aquellos que tienen que sobreponerse a las enormes ganas de abandonar que les asaltan durante la recta final.

Yo, debo confesarlo con los ojos tapados por los dedos de una mano, estaría en la segunda categoría.

A mí lo que en realidad me gusta es el momento exacto de la carrera: justo cuando puedo retarme a mí mismo y ver de qué estoy hecho. Los días previos, sin embargo, están llenos de terribles dudas y miedo al fracaso.

Ya lo sé: debería disfrutarlos. Todos deberíamos disfrutar esos pocos días previos a la prueba. Después de todo, la recta final también forma parte de la batalla, ¿no es cierto?

Ser capaz de competir va de eso, de sobreponerte a tus limitaciones mentales y demonios personales, y, al menos en mi caso, limitaciones y demonios se construyen con los días previos a cualquier competición. Pero ser consciente de ello no parece que lo haga más fácil, ¿verdad?

Escribo esto unos días antes de correr la Nationale-Nederlanden San Silvestre Vallecana.

Sé que después de la carrera, como todos los años, todo esto se pasará y seguramente me perderé en el torbellino de las emociones, al ver a la gente aplaudiendo y animando y el espíritu solidario y de compañerismo entre todos los corredores.

Pero por ahora me flojean las piernas y, por si acaso algunos de los que me leéis estáis entrenando para la última carrera del año y recientemente os han atacado la inseguridad y el pánico, quería contarle a todo el mundo cómo nos sentimos los corredores días antes de la carrera.

Bueno, vale, la verdad es que no sé si todo el mundo se siente igual. A mí me pasa. Y conozco a muchos corredores que pasan por lo mismo antes de una competición. Y si tú eres uno de ellos, igual te hace sentir mejor ver que hay mucha gente en tu situación: todos dudamos de nosotros mismos y nos preguntamos exactamente por qué razón hemos llegado hasta aquí, qué necesidad tenemos de presentarnos a una carrera, para qué vamos a competir si total… Vamos, un sinfín de razones y excusas que se nos acumulan en el lado de 'no lo hagas'.

Hace unos días hice un buen tiempo (47'06'') en la San Silvestre de Alcorcón, sólo para ir calentando, y si yo pude, TÚ TAMBIÉN. Así como siempre terminas siendo más fuerte de lo que crees cuando te sobrepones a todos esos terroríficos pensamientos que te asaltan durante cualquier carrera, también lo serás ahora enfrentándote a estos deseos de abandonar pre-carrera.

Has pasado por mucho para rendirte ahora, ¿lo has pensado? Así que ya sabes: sólo tienes que recuperar tu valentía y fuerza natural; sólo tienes que SER TÚ. Y, recuerda, todo merecerá la pena si le demuestras a tus demonios quién manda aquí (tú).

Dios, odio la recta final

Es curioso, cuando estás de lleno en tu entrenamiento estás deseando que llegue la recta final, no puedes esperar a que lleguen esos días en los que bajas la intensidad del entrenamiento porque se acerca el momento que de verdad importa: la carrera.

Siempre pensé que esto no iría conmigo. Mi equipo de running y yo no bajamos en intensidad como muchos de los corredores que conozco. En realidad, somos de pensar que disminuir tanto la intensidad del entrenamiento sólo trae confusión a tu organismo.

De cualquier forma, aunque no lo llevo muy bien, esta vez he reducido en un tercio mi entrenamiento unas dos semanas antes de la carrera para que mi ritmo sea completamente regular y mis músculos lleguen frescos y sin carga.

Bueno, vale, es bastante improbable que llegue al día de la carrera con un ritmo de carrera regular y mis músculos completamente relajados y frescos, pero seguro que un par de días antes lo consigo.

En esas estoy ahora mismo. Aun cuando sé que es posible que en el momento en que leas este post ya habrá pasado todo, creo necesario dejar constancia de cómo me siento para así llegar a cualquiera que esté pasando por lo mismo y que así sepa que no está solo. Y, además, uno siempre puede guardarse este artículo por si vuelve a pasar por lo mismo.

Aunque la recta final parece muy atractiva y aunque por supuesto cada uno reacciona de forma diferente, voy a compartir lo que provoca en mí ahora mismo.

Primero, empecemos con lo físico.

Estoy hecho polvo. Durante esta semana, cada entrenamiento ha sido un suplicio.

No se trata del mismo sufrimiento que sientes cuando estás entrenando duro para un maratón, por ejemplo, cuando casi no puedes levantar las piernas y todo lo que quieres es sentarte en el suelo sin moverte. El típico 'ya no doy más de mí'.

No. Hablo de otro tipo de sufrimiento, que afecta más a la cabeza que a las piernas: una falta total de motivación. Sólo faltan 3 días para la carrera y tú sigues sin hacerte a la idea. Esta semana no he tenido ni pizca de ganas de salir a entrenar, que las fechas tampoco ayudan, y la mayoría de mis carreras las he pasado pensando en terminarlas, sin disfrutar nada de ellas.

Pero eso no es todo: lo peor es el estado emocional.

Dudas de ti mismo.

Te preguntas cómo es posible que vayas a correr 10 kilómetros y a conseguir una buena marca, cuando hoy 2 ó 3 k te parecen una eternidad. Ni siquiera sabes cómo empezar.

No sólo tienes que correr 10 kilómetros, es que además tienes que hacerlo rápido, cuando la mayor parte de tus entrenamientos no cubren ni la mitad de esa distancia. Así que, ¿cómo vas a hacer un buen tiempo en la Vallecana, a tan solo tres días?

Entonces llegan esos intensos momentos de terror durante los cuales recuerdas cuánto duele correr 10 kilómetros, lo oscuro de tus pensamientos negativos y lo doloroso de terminar con todos los músculos al límite de su capacidad.

¿De verdad es esto lo que quiero?

Y este suele ser el momento en el que me imagino cruzando la meta en último lugar y me juro a mí mismo que esta será la última vez que corra la San Silvestre y cualquier otra carrera. Estoy listo para colgar mis zapatillas por un tiempo y vivir como una persona normal que no se pone a prueba torturándose a sí mismo con tanta intensidad.

Aunque bien pensado, también hay buenos momentos.

Y entonces en tu mente se dibuja ese momento en el que por fin ves a lo lejos la línea de meta y recuerdas por qué fuiste capaz de finalizar aquellos días de entrenamiento intenso, todo por llegar a ese preciso instante y, por ese momento, vas a estar listo el día de la carrera —de hecho, YA estás listo: es sólo el miedo que te llena de dudas—.

Pero el miedo es bueno, el miedo significa que la adrenalina te acompañará y hará su trabajo, y, lo más importante: significa que te importa.

Has invertido un montón de tiempo y le has echado todas las ganas con todo el corazón, durante todo este año de entrenamiento, y vas a hacer que merezca la pena.

No sé para los demás, pero para mí este es el punto de inflexión, cuando todo se da la vuelta y se pone en su sitio.

Sé perfectamente que cuando llegue la carrera, justo en ese momento en el que tenga que decidir si seguir dándolo todo y cruzar la barrera del dolor o darme por vencido, estaré listo, me enfrentaré a ese momento, lucharé contra mis demonios y ganaré; y estas dudas son sólo un anticipo de ese terrible instante.

Ahora mismo, sé que va a ser duro pero de momento soy incapaz de ver el final del camino, parece que no puedo sentir ese increíble subidón que te posee cuando tuerces la última esquina y por fin ves a lo lejos cómo tu sueño se va haciendo realidad.

La última vez que tuve uno de estos subidones fue hace casi un año y aún puedo sentirlo. Aún puedo cerrar los ojos y ver cómo cruzaba la meta, sonriendo, junto a cientos de corredores rebosantes de alegría, abrazándome a amigos, compañeros y extraños que en el fondo son vecinos con los que compartí entrenamientos diarios durante todo el año…

Durante todo este último mes, y durante estos últimos días sobre todo, durante cada entreno que se me hace cuesta arriba, cuando ya no puedo más y comienzo a preguntarme por qué hago esto, intento proyectar de nuevo todos estos recuerdos en mi cabeza, tratando de reproducir las sensaciones de euforia y alegría producidas por las endorfinas que segregas cuando estás llegando a meta… pero nada. La motivación no se levanta: a ras del suelo, continúa.

Y es normal, ¿no?

Puede serlo o puede que no. De momento soy el único que parece pasar por esto, pero espero que escribiéndolo y compartiéndolo con el resto de corredores, mientras recojo las migajas de dignidad atlética que me quedan, sea capaz de ver la luz al final del túnel y mi motivación se renueve.

Y, sin embargo, salgo a correr con mi equipo y de repente me invade la seguridad de que el domingo resurgiré de entre todas mis dudas y me dejaré la piel ahí afuera. Desde la salida atronadora bajo millones de voces y ambiente festivo con un tema sorpresa resonando entre nuestras zancadas iniciales hasta la locura de la recta final, con toda la gente animando desde las calles de mi ciudad, rodeado de corredores que llevan entrenando 365 días y de otros disfrazados de plátano, de angelito o de papá Noel, esta Nationale-Nederlanden San Silvestre Vallecana será todo un espectáculo, más que una experiencia, como todas las anteriores y las que quedan por llegar, y por nada del mundo me lo perdería.

¿Que duelen las piernas, que no entendemos bien por qué, con este frío, no podemos quedarnos en casa colaborando con los canapés y la decoración festiva?

La respuesta está clara: porque la Nationale-Nederlanden San Silvestre Vallecana enamora, por su magia y por sus gentes, por lo bien que se te queda el cuerpo al terminar y porque compartir es la esencia de cualquier celebración o fiesta. Y aquí se comparte todo: el sudor, el miedo, la pereza, las agujetas, las sonrisas cruzando la meta y, sobre todo, el abrazo final.

Feliz recta final, camino a la Nationale-Nederlanden San Silvestre Vallecana. De runner anónimo a runner anónimo, espero que este post te haya servido de ayuda. ¡Nos vemos en las calles, en sólo tres días!