Ed Whitlock, el runner de 85 años que asombra a la comunidad científica

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Apenas ha perdido masa muscular, su consumo de oxígeno es extraordinario y ha sido la primera persona mayor de 70 años en correr una maratón en menos de 3 horas​.

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Han sido sus piernas y pulmones los que han hecho de él un maravilloso fenómeno octogenario. En octubre, con 85 años, estableció su último récord en carrera de distancia, completando el Maratón Marítimo de Toronto en 3 horas, 56 minutos y 34 segundos y se convirtió en la persona de mayor edad que ha corrido 42,2 kilómetros en menos de cuatro horas.

Habiendo establecido docenas de récords en su grupo de edad desde los 1.500m hasta el maratón, Whitlock permanece en la vanguardia de los atletas de edad avanzada que han llevado a los científicos a volver a evaluar las posibilidades atléticas durante el envejecimiento.  

"Está todo lo cerca que se puede estar de minimizar el envejecimiento en un ser humano", declara el doctor Michael Joyner, investigador en la Clínica Mayo, experto en desempeño y envejecimiento.

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La trayectoria de Whitlock ha sido tan poco ortodoxa como excepcional. Para comenzar, entrena solo en el cementerio de Milton Evergreen, cerca de su hogar en las afueras de Toronto. Corre en círculos de tres a tres horas y media cada vez, sin percatarse del tráfico o los eternos defensores de las modernas teorías y aparatos de entrenamiento.

En la Maratón de Toronto, sus zapatillas tenían 15 años y su camiseta, unos 20 o 30. No tiene entrenador. No sigue una dieta especial. No lleva una gráfica con los kilómetros que hace. Tampoco lleva un medidor de pulsaciones. No toma baños helados, ni masajes. Recoge la nieve con pala en invierno y trabaja en su jardín en verano, pero no levanta peso, no hace sentadillas ni fondos. Evita los estiramientos, excepto el día de la carrera. No toma medicación, solo un suplemento que podría o no ayudar con sus rodillas.

Lo que sí tiene es una constitución ligera: mide 1,70m y pesa unos 50 kilos. También posee una enorme capacidad de transportar oxígeno; una singular memoria de masa muscular para alguien de su edad; una marcha ágil; y una inquebrantable determinación por enfrentarse al reloj, tanto el interno como el que marca el tiempo de llegada a meta.

"Creo que la gente puede ir más lejos de lo que realmente cree" dice Whitlock, un ingeniero de minas retirado que nació en Londres y gusta de la típica autoparodia británica: "Tienes que ser suficientemente idiota para intentarlo".

Cuatro años atrás, cuando tenía 81 años, Whitlock fue sometido a una batería de pruebas psicológicas y congnitivas en la Universidad McGill de Montreal. Una de estas pruebas midió su VO2 máx, la máxima cantidad de oxígeno que puede ser consumida y usada por los músculos durante el ejercicio. Se mide en mililitros de oxígeno por kilogramo de peso corporal por minuto. Cuanto mayor es la cifra resultante, mayor es la capacidad aeróbica de una persona.

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Un esquiador de fondo a nivel olímpico podría tener un VO2 máximo de 90 y aquellos que viven independientemente a sus 80 años mostrarían un 20 de media. La puntuación del señor Whitlock fue un excepcional 54. Sería aproximadamente lo que marcaría un atleta recreacional en edad escolar, apunta Russell Hepple, el fisiólogo del ejercicio que llevó a cabo las pruebas de Whitlock en la Universidad de McGill junto a su colega y esposa Tanja Taivassalo.

Un VO2 máximo de 54 es algo sin precedentes para alguien puesto a prueba a los 80, según Scott Trappe, el director del laboratorio de desempeño humano en la Universidad Estatal Ball en Muncie, Indiana (EE.UU.) quien ha estudiado a los esquiadores de fondo suecos que continuaron ejercitándose a alto nivel a los ochenta e incluso en sus primeros noventa años, incluyendo al campeón olímpico de 1948, Martin Lundstrom.

"No hay nada superior en la bibliografía al respecto", dice Trappe de Whitlock. "Es una fisiología excepcional".

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Más allá de la genética, hay otros factores que seguramente contribuyeron a la asombrosa resistencia de Whitlock, aduce Joyner, de la Clínica Mayo. Compara a Whitlock con Joan Benoit Samuelson, la vencedora de la maratón olímpica de 1984, que continúa haciendo tiempos inferiores a tres horas en maratón con 59 años y ha declarado tener la voluntad de continuar esta extraordinaria proeza cuando pase los sesenta.

Ni Whitlock ni Benoit Samuelson podrían ser considerados extrovertidos. Aunque atletas como ellos que continúan altamente activos a su edad "no han erradicado sus yoes internos de 13 años", explica Joyner. Los describe, en general, como curiosos, relativamente libres y llenos de "vigor físico y emocional", algo no muy alejado de ese tío ya anciano que insiste en jugar con pistolas de agua en las reuniones familiares.

"No soy ingenuo, existen factores biológicos", aclara Joyner. "Pero la cuestión no es que estas personas sean bichos raros; la cuestión es que todo esto de envejecer, con un poco de suerte, puede controlarse de alguna manera a voluntad".

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La primera maratón de Whitlock fue en 1975, con 44 años, lejos de preocupaciones paternales. Su hijo menor, Clive, que contaba entonces 14 años, había corrido cada día durante un año y quería intentarlo en una maratón. "Hicimos todo lo que pudimos para disuadirle" dice Whitlock. "Pero no iba a aceptar un no".

Padre e hijo hicieron un tiempo de 3:09, y cuatro años más tarde, a los 48, Whitlock hizo su mejor tiempo en una maratón, 2:31. Se aficionó aún más al running tras jubilarse e intentar convertirse en la primera persona de 70 años o más en correr 42,192 km en menos de tres horas. En los círculos científicos sobre running y ejercicio, se le considera toda una estrella de rock, según Trappe.

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Amby Burfoot, el vencedor de la maratón de Boston en 1968 que ha sido durante muchos años editor de la revista Runner's World y continúa corriendo a sus 70, dice de Withlock: "Para un tipo que parece a punto de ser derribado por un soplo de viento, Ed sigue y sigue estableciendo su propio camino y sus propios récords y nadie es capaz de batirle".

Cuando se le preguntó por qué seguía corriendo, Whitlock respondió con franqueza que disfrutaba estableciendo récords y recibiendo atenciones. Su perspectiva sigue siendo pragmática. No experimenta adicción por el running, dice, y tampoco corre por su salud. Considera el entrenamiento como un fastidio e incluso las carreras le dan más miedo que alegría.

                                                     

"El verdadero sentimiento de gozo", explica, "es cruzar la meta y comprobar que lo has hecho bien".


Puedes leer el artículo completo (The New York Times) en el siguiente enlace.

 

@Imágenes: Ian Mills para The New York Times y Steve Russell para Toronto Star.